martes, 4 de junio de 2013

Remanso de paz

Días de largas conversaciones, de paseos junto al mar, admirando la arquitectura del imperio que fue y los almacenes de baratijas del que viene del sol naciente; viendo cómo se pone el sol al otro lado de la bahía, sacando fotos de cualquier rincón, descubriendo estatuas de líderes revolucionarios y descubridores caídos en el olvido. Hasta un cumpleaños y una barbacoa dominical, y un concierto en la playa con el club de fans local de Nirvana embutidos en un coche, con final maquinero. Algo de paz al trajín viajero, aunque no lo crea el lector, mañana volvemos a la carretera, ya de camino a Maputo.
Esta mañana, excursión a la otra orilla, inmersos en el despertar colectivo de la ciudad. El embarcadero se convierte en una pasillo de metro con olor a salitre, a primera hora de la mañana. Por supuesto, nos equivocamos de barco, el de al lado sale antes, pero con paciencia llegamos a Maxixe, donde buscamos por la carretera a nuestros primeros entrevistados.
Los segundos nos vienen a buscar a la ciudad, después de dar cuenta de un té. Más preguntas, más respuestas, incluso agradecimientos por aprender en su primera evaluación. ¡Qué tierno! Por estas cosas vale la pena hacerse evaluador.

Volvemos al mar y a la otra orilla en el "Amor de Mae", pacientemente, como el ritmo de Inhambane. Mañana quedará atrás, con sus barquitos de ensueño y su dilatante existencia. Até ja!

viernes, 31 de mayo de 2013

Nouvelle cuisine moçambicana

El día ha empezado asaltando la cocina para conseguir un poco de té y con un encuentro en la cassimba del mato entre dos todoterrenos, a la hora indicada, en el lugar convenido. De la niebla ha emergido nuestro contacto, cual escena de la Viena de El Tercer Hombre, quien nos ha llevado a empezar el tour nuestro de cada día. En pocas horas hemos visto el repertorio de letrinas tradicionales más surtido al norte del río Limpopo, con sus techos de paja, sus paredes de cañizo y sus entrañables tip-tap, lavaderos para manos que funcionan accionados por los pies, para que usted no se lave y luego se ensucie. Exquisito, lo que le faltaba a Jane y a Tarzán en la cocina, una cucada.
Luego nos hemos dado a lo último en técnicas culinarias tropicales:

- Señora, ¿cómo cocina usted las setas disecadas?
- A mí me sale muy bien friendo el maní primero, esperando que se haga una salsa y añadiéndolas luego. Si se quiere, se puede poner un poco de gacela, para chuparse los dedos, oiga.

Más tarde, recepción en la escuela de cocina y degustación de platillos con nombres que un servidor no alcanza a recordar: yogures de frutas del bosque que no son yogures, mermeladas como el betún, pasteles de harina de mandioca y de tapioca (sí, de donde el coronel aquel), pan de mandioca, infusiones de moringa;  el paraíso del gourmet tropical.

Acabamos nuestras entrevistas y nos damos a la última cerveza en nuestro quiosco preferido. Mañana, salida para Inhambane, a ver nuestro querido Océano Índico.


jueves, 30 de mayo de 2013

A casa branca

En algún lugar del presupuesto de la República de Mozambique hay una línea, un asentamiento para los puristas, donde dice "Casas de campo para que el Sr. Presidente pase un día". Es fácil de calcular, porque todas las casas son iguales y, sin calentarse mucho la cabeza, podemos suponer que valen lo mismo, sin mucho margen para el error. Entonces se multiplica el valor de esa casa por el número de pernoctaciones o días y se deduce el valor a asignar.
A veces hay errores, como en Tsenane, donde en junio nuestro amado líder pasará una de esas noches inolvidables, por lo menos para sus pobladores. Por alguna razón, la primera casa que se construyó, idéntica a la primera, no es válida. Error, vuelta a empezar. Cien metros más arriba al otro lado de la polvorienta carretera que lleva a Funhalouro, los albañiles se afanan a repetir la construcción, que ya se saben de memoria. Quizás ellos sepan donde falló la cosa, quizás fue un azulejo roto en el cuarto de baño (el único con cisterna en 300Km a la redonda), o una puerta que no cierra bien, esas cosas pasan hasta en las más excelsas residencias. La casa blanca que perdió su oportunidad mira envidiosa a la otra, todavía de color cemento, cómo se va alzándose, y le desea que un contratiempo de última hora en la agenda presidencial la deje sin ese honor.

Algo parecido nos ha pasado esta mañana, las ganas de enseñarnos cosas por parte de nuestros huéspedes de hoy, nos han hecho quedar mal con un grupo de evaluados. No sabemos si llevaban su uniforme de comité de higiene como en la primera comunidad, con su camisetas y gorras recién serigrafiadas,  porque alguien nos han prevenido que llevaban más de tres horas esperándonos y quizás no valía la pena ni entrar. Así que hemos deshecho el camino del bosque, hasta volver de nuevo a las oficinas, donde se nos ha obsequiado con un guiso de esos cabritos que estamos promocionando entre los evaluados.

 Por la tarde, entrevistas institucionales, de esas en las que todo es estupendo y de las que uno sale con la duda de si estábamos hablando del mismo país y momento. Visita a un viejo amigo antes de probar la gacela en el Complexo Tropical y visionado completo de estrella. Cada uno a su cabaña, que mañana sigue el tour en el monte.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Big City

Una vez descartada la cama como instrumento para dormir, el hombre blanco llegó al suelo y encaró su última noche de camping. Por fortuna, el frío se apiadó de todos nosotros, y las últimas tostadas en las brasas de Maxaila fueron de buen humor y entrañable despedida.
Tomamos el camino de Funhalouro con decisión y valentía, a pesar de que el laberinto de caminos a través del bosque hacía prever lo peor. Por fortuna, Gildo hizo gala de sus dotes con la lengua local y preguntando se llega a Roma, ya saben, y también a cualquier lado en Mozambique. A las tres horas y cien kilómetros de rally por el monte, descendimos a una laguna, cuya extensión escapaba a la vista. Como aparecidos en otro mundos, intentamos atravesar el lodazal:

-Gildo, yo creo que tendrías que ir por la pista rodada, no salirte de ella.

Nuestro lingüista consumado no tomó en cuenta el consejo de aprendices de Carlos Sainz. Tensión en el ambiente. Uno confía en la escudería Nissan, pero no tanto. Gildo aprieta los dientes, las ruedas empiezan a escupir un lado negro, putrefacto, el pick-up repleto de tiendas de camping y sandías de regalo parece no avanzar. Nervios. ¿Me quito las botas o no cuando tenga que empujar?

Por fin salimos adelante y reemprendremos la marcha. A las cinco horas y media, hemos pulverizado los 250km de la clásica Maxaila-Funhalouro campo a través, y nos espera O Complexo Tropical, con sus lujosas cabañitas de camas de príncipe azul y lavabos todavía por acabar. Una 2M en el quiosco de al lado y la gran ciudad que nos parece Funhalouro nos da la bienvenida, con su avenida de duelo en Ok Corral. La civilización es una cama y un techo, o acabar la velada repasando nuestros rudimentos de inglés con las telenovelas sudafricanas.
Mañana, seguimos con nuestra pesquisas evaluadoras.

martes, 28 de mayo de 2013

Deep in the ground

Después del frío nocturno, siguió la lucha cuerpo a cuerpo con el catre de campaña. Esta vez le dio por romperse en medio de la noche, con lo que la posición durante largas horas fue de todo menos horizontal. Además, uno crujidos metálicos amenazaban a cada momento con mandar todo el tenderete al traste, con lo que el frío pasó a un segundo plano, no por ser menos intenso.
Pero al final también llega el alba, es lo bueno de que la Tierra no deje de girar. Hoy innovamos gastronómicamente, introduciendo en la localidad el concepto de pan tostado, con sal y aceite de oliva, lo que nos ha hecho comenzar el día mucho mejor que lo que acabó la noche.

Vamos andando a Maxaila, porque tenemos cita con el poder popular para discutir de nuestras cosas a la sombra de un árbol. Antes rendimos pleitesía a uno de esos funcionarios, o xefe da localidade, uno de esos personajes que durante todo el día parecen acabarse de levantar en ese momento. Como la locuacidad no es lo suyo, abandonamos rápidamente el interrogatorio topanista, aunque nos da algún dato interesante sobre los planes de futuro de la administración local al respecto del agua.

Ya con la comunidad, visitamos la gran laguna de agua adonde las mujeres acuden a abastecerse:

- La hizo un mulungo (blanco), portugués, en el año 1959. La limpiamos en el 2001, y no hemos vuelto a arreglarla. Pero sigue siendo mejor que los pozos de agua mbaava (salada), y además gratis.

Los mulungos modernos seguimos haciendo pozos de los que sólo sale agua salada, y encima pretendemos que los vecinos paguen y nos enfadamos si no lo hacen. Creamos y porfiamos con comités para gestionar algo que no sirva para nada, revisamos nuestros manuales y teorías del desarrollo, mientras nuestros queridos amigos nos miran con una sonrisa de medio lado y una paciencia tan infinita como el tiempo y el mato.

En Mapungane las mujeres parecen hacer castillos en la arena, al lado de sus huertas, cuando lo único que buscan es agua, para seguir produciendo esa comida de mulungos que tanto les gusta. Bueno, ya no hierven las lechugas antes de comérselas, y adoran los tomates. Después de hablar con nuestras amigas productoras, las única que parecen trabajar en este país, volvemos a nuestra base.

Arroz con frijoles criollos, que superan nuestro pan con aceite, por supuesto, y a contemplar las estrellas.