domingo, 16 de enero de 2011

Una rotonda para el concurso

Hola.

¿Es aquí donde se apunta uno para un concurso de rotondas? Es que me llegó el otro día un correo...

Pues te adjunto una foto (es del móvil, las que hice con la cámara creo que las he perdido porque se me ha corrompido la tarjeta, y no huele mal ni nada, cosas de la tecnología, ya ves, qué ventaja...) y la geolocalización. La foto de google debe ser antigua porque salen unos árboles... Ahora que lo pienso, joder con la sostenibilidad. Eso sí, los
coches son reciclados.


Ala, un abrazo.

Salud y feliz 2011.

Jordi

viernes, 31 de diciembre de 2010

El último chapuzón


El comando Boa Constrictor no podía despedirse del Año y de Fuerteventura sin un chapuzón atlántico en toda regla, en la playa de La Pared, y un pic-nic gentileza de Supermercados Inpescasa, el otro emporio de la isla, a la par de Almacenes Cabrera. Por la tarde, visita al santuruario de Pozo Negro, donde empezó el idilio con esta isla, refugio de las almas en busca de sosiego terrenal. Tras el copazo doble de Baileys en nuestra aldea de pescadores preferida, nos hicimos con el alijo de tabaco a mitad de precio (hay que amortizar realmente el billete y los gastos de representación derivados de la gira artística por algún sitio) y volvimos a nuestro apartahotel-castillito, intentando que las bolsas pudieran volver a entrar en las fauces del azafato Ryan al día siguiente.

Volveremos, esto no va a quedar así, queridos blogovidentes. El año que viene, más tribulaciones topanistas nos esperan, ojalá podamos contárselas con tanto gusto como en el 2010.

Feu bondat, família.

PD. Por cierto, el concurso lo vamos a dejar en un más que previsible y tramposo empate, para tener una excusa más con la que obligarnos a contratar los servicios del azafato Ryan, y volver a la Isla del Tesoro.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Almacenes Cabrera atacan de nuevo



El Sr. Cabrera construyó su imperio entre las dunas de Corralejo, aprovechando el tremendo siroco que sopla a menudo, y despoja a los bañistas de sus ropas y pertenencias. El fenómeno metereológico tuvo dos consecuencias: Gran Tarajal vio como uno de sus hijos predilectos amasaba una fortuna a base de recoger la ropa de los incautos bañistas europeos, bolsos, relojes y todo tipo de complementos, siempre a la última y directamente importados desde el continente por tan rápida y área vía. Y la segunda fue que el nudismo se puso de moda, a la fuerza (del viento), entre las dunas que amenazan con zamparse la carretera que nos lleva hasta Corralejo, dispuestos a seguir con nuestro concurso. Se intuye que entre los practicantes del naturalismo se encuentran desde parejas de azafatos de aerolíneas de todo pelaje (ellos sobre todo), personal de tierra y navegantes de ferries de cualquier archipiélago. Corre el bulo de que existe una regla física que relaciona la sinusoidal de su tripa con su posición en el negocio del transpote: a más próximo a la circunferencia, más cerca de los bajos fondos del muelle donde atraca Transmediterránea.


La Cofradía de Pescadores de Corralejo: bien el sitio, excelente, pero demasiado salsa con pastilla de caldo Knorr en los mejillones a la marinera. Claramente fuera de la competición, no está a la altura de los anteriores. Como consolación, una tarde examinando la calima majorera y la silueta de la Isla de Lobos. El siroco se había llevado, junto con los trapitos de Cabrera, las montañas de la vecina Lanzarote.

Surfitas del mundo, uníos


Esfuércese y los verá: son los puntitos negro neopreno que se ven justo en la ola, en su afán topanista de subirse en cada ola que, a su entender, les puede devolver contra las rocas de la costa. A cada punto negro de esos les observa una rubia teutona (hay algo de personal no de importanción, este país ha cambiado mucho), junto a una furgoneta llena de más tablas y trajes de esos que llevan en la foto.


La sensación cuando uno los ve, francamente, es de frío aterrador. ¿Qué necesidad habrá de tirarse al agua, vestidos como Costeau pero sin botellas, exponiendo el patinete contra las rocas, con lo bien que se está fuera contemplando la línea del horizonte? Pero si dicen que recorren el mundo buscando la mejor ola, algo de placer debe de hallar, no seremos nosotros quienes pongamos en duda el gozo toponista de las búsquedas abocadas al fracaso. O a volver a la furgoneta con dos trozos de tablas.


El Cotillo tuvo que contentarse con la jornada de descanso de la maratón gastronómica. Programa doble de bocata: jamón con queso, lo que en Madrid dirían mixto, y atún con tomate, dos clásicos para una playa de bandera, con su chiringuito a la altura de las circunstancias. Dense prisa, alguien ha empezado a dibujar calles detrás de las dunas, parece que cabe más gente, a parte del inevitable ingeniero alemán, enamorado de las energías alternativas.


La Boa Constrictor, especie a proteger



La verdad es que fue un error abandonar la competición de papas arrugadas y substituirla por la de atracones en lugares remotos. La mecánica del concurso es sencillo, tanto como dilapidar la paga extra de Navidad: váyase al punto más remoto que conozca de una isla semidesierta, Fuerteventura por ejemplo, y póngase como el Quico, a golpe de calamar gigante jurásico o pescadito frito de dimensiones radiactivas. Todo, eso sí, rehogado con vino blanco de la casa (nos sirve que la casa esté en Lanzarote, incluso en el Penedés, gracias al incansable señor Torres, patrocinador no oficial del concurso), y con las susodichas papas arrugás, que a estas alturas del campeonato no sirve, claramente, para fundamentar una competición mundial que se precie.


La Boa Constrictor se fuma un cigarrito, impresionada por la mar océana, pide un café (lo sentimos, manifiestamente mejorable), y espera que el benévolo sol de media tarde que luce en las islas en estos días de finales de diciembre, eche una mano con la digestión.
De momento, entre Los Pescadores y El Caletón, este último en la misma puntita de la isla, en la Península de Jandía, se lo están poniendo realmente difícil a los jueces, como los paisajes del fin del mundo que nos ponen para la sobremesa.