miércoles, 13 de marzo de 2013

Mi reino por un batido

- Nuestra querida alcaldesa les va a recibir.

Dejamos atrás la sala de espera, donde la población espera pancientemente su turno, gracias a las maravilla tecnológica del aire acondicionado a 15 grados y deleitándose con las hazañas de Messi en el Nou Camp. El despacho de nuestra edil preferida es un hervidero: todo el mundo rinde pleitesía a la lideresa, familia lejana de Carmen Sevilla, quien se afana en multiplicar los panes y los peces ante dos grandes insignias patrias de terciopelo decimonónico repletas de armaduras toledanas, y la atenta mirada del conquistador y descubridor de la Amazonía.

- Háganme el favor de dejar espacio, me tienen que hacer una entrevista y todavía no he desayunado ni almorzado.

El licenciado llega raudo con un delicioso batido que la hace revivir, para seguir dictando justicia e intercediendo por un pueblo que sigue allí sentado, impasible y dotado de una paciencia infinita, casi tiritando de frío, observando cómo de bien se desenvuelve con los medios topanistas:

- Yo estoy muy agracedida por todo lo que ha hecho Solidaridad Internacional con nosotros.
- Podría volver a repetirlo todo, es que nosotros venimos de parte de Ingeniería Sin Fronteras. 

¡Detalles sin importancia, pardiez!, diría Don Francisco de Orellana, atrapado en su retrato, mirando el río que descubrió y la ciudad a la que dio nombre. Luego y ante ese mismo río, nos deleitamos con un jugo tropical, una pequeña obra de arte absorbida por los 100 decibelios de cumbia que hay que resistir en el pequeño rincón romántico que nos regala la villa.

La obra avanza, la nave va. Como Don Francisco, bajando el río para ganar la mar océana, sorteando las planificaciones y los discursos políticos eternamente agracedicos con la labor pastoral de nuestra querida ONG. Media de lomo con compañía de la buena y un mojito en el mismo rincón, algo más tranquilo, para cerrar un día productivo.

Mañana, a ver el oro negro.

Zoo ecuatorial

La expedición topanista en busca de Eldorado petrolero, ya está en marcha. Alojados en el insigne Hotel San Fermín, justo frente al Banco de Pichincha, donde la gente hace cola desde las siete de la mañana para pagar sus recibos de todo tipo, no tiene pérdida en esta réplica del lejano oeste, versión amazónica.
Nuestra agenda de visita y entrevistas está lista:

- Hagamos la entrevista esta tarde mientras les acompaño al zoológico, antes de que la Sra. Alcaldesa vuelva de Quito.

El licenciado no consta en la tripulación del pick-up que viene a buscarnos horas después, se ha cruzado en nuestro camino una llamada del Alto Mando. Los planes y los cronogramas empiezan a torcerse. Pero para eso estamos, para adaptarnos a ellos, como la selva se come los desastres humanos.

- Cuando mi mamá era pequeña, el Coca era todo agua, hasta la rodilla. Los indios Waorani salían con lanzas al otro lado del río a recibir a los que se adentraban en las profundidades de la jungla.

Nuestro zootécnico de cabecera nos enseña el zoológico-residencia de animales inválidos, con su repertorio de chistes no aptos para mayores de edad. Podríamos haber traído a la prole de haberlo sabido.

Paseo por los arrabales arrebatados a la naturaleza y hechos civilización de dudoso gusto, una hamburguesa sencilla con una Pilsener, y poca cosa más. Somos presa fácil del jet-lag y nos entregamos a los brazos de Morfeo sin fuerzas siquiera para escribir esta crónica.

Taxi al Amazonas

Cuando Nelson llegó al nuevo aeropuerto de Quito, pensaba que aquellos dos eran los últimos pasajeros que llevaría en su taxi antes de irse a su casa. No se habían bajado del vehículo, cuando tres exaltados con mochilas de la tribu Quechua le asaltaron en medio de la calzada:

- ¿Cuánto nos cobra por ir de vuelta a Quito?

No tuvo que regatear, les enseñó las tarifas emplasticadas que guardaba en la visera, y se montaron con cara de resignación o de turista entregado a la evidencia.
Algunos kilómetros más allá, alguien hizo la pregunta-chiste de rigor, una vez se había pasado el cabreo monumental por haber comprado el billete al revés (es decir, de Coca a Quito y no de Quito a Coca, un detalle sin importancia) y no poder coger el vuelo:
 
- ¿Porque, Nelson, cúanto cuesta ir a Coca en taxi?

Los intrépidos viajeros hicieron algunas sumas y divisiones en su cabeza. De repente, pudieron saborear el sabor de la aventura en sus labios:

- Pare aquí y lo pensamos. Bueno, lo primero es si tú quieres llevarnos.
- El problema es que no conozco el camino. Quizás en aquella gasolinera me digan cómo llegar.

Cinco horas por delante y un croquis garabateado sobre la papelera de una estación de servicio, no se necesita más para llegar al corazón de la Amazonía ecuatoriana. Como en un remake de "La Quinta del Porro", Nelson y aquellos viajeros topanistas se dispusieron a atacar la impenetrable selva desde las cumbres andinas. Un volcán nevado al fondo acabó de poner la estampa de leyenda para una nueva tribulación de Laslo Topanich y los seguidores de la religión verdadera.

Pronto supieron que innumerables riesgos les acechaban en el camino:

- En realidad llevo despierto desde las 5 de la mañana, yo ya me iba a descansar -dijo Nelson dando los primeros síntomas de agotamiento-. En realidad es la primera vez que salgo de Quito, yo soy de provincia, ¿saben?

Terror entre las filas topanistas. Una trucha frita, en la parada camionera de Baeza, recompuso a la comitiva, Nelson pareció coger nuevos bríos a los mandos de su Toyota amarillo New York.

-¿Ese ruído? Se acabaron las pastillas de freno, creo.

De ahí hasta el final fue un duermevela, una lucha contra el sueño y las ansias de Nelson de batir el récord de su pueblo en el rally Quito-Coca-Quito.

Por fin, el Coca apareció tras un cartel en la noche, y sus amplia avenida del far-west, jalonada de policías tumbados que Nelson insistía en tomar comerse a 100 Km/h.

¿Volvió Nelson a tiempo para servir el desayuno en su casa y devolverle el taxi a su cuñado? Nunca lo sabrán nuestros queridos viajeros. Cayeron rendidos, soñando con su cuentaquilómetros, casi olvidado ya el Quito colonial de una tarde de granizo.

lunes, 21 de enero de 2013

Pengim penjam

Després d'haver posat en marxa la maquinària de fer entrepans, omplert les boses de Mercadona (model resistent) i recomptar tots els efectius infantils convocats a la parada del tramvia, Bart Simpson i el seu veí es van adreçar al bosc urbà.

- Aquest petit no dóna la talla, no arriba ni a un pam de la ratlla blava. No crec que pugui fer el circuit, a no ser que l'acompanyi vostè -va sentenciar l'aprenent de Jesús Calleja a mig temps-.
- Qui? Jo? No, no, segur que hi ha algú altre que el vol acompanyar per circuit dels petits.

Afortunadament, la solidaritat de classe (de la classe de tercer, vull dir) va funcionar, i un altre va optar per la via fàcil de divertir-se un diumenge de gener amb fred i vent. Si t'has de penjar, que sigui a un metre de terra, la canalla madura ràpid.

Els altres intrèpids van escometre la travessia entre columnes i cables, armats de mosquetons i arnesos. És curiós, si els haguéssim obligat a penjar-se a 6 metres del terra d'un filferro, segur que no ho feien ni per una Nintendo, però com se suposava que era un joc, tothom s'hi va posar mans a la feina. Després de mitja hora i algunes crisis amb els moquestons que no s'enganxaven, a més d'alguna estada pernilística en mig d'una tirolina amb el seu corresponent rescat, tots van arribar a la taula de la celebració del novè anniversari. Malauradament, només es van acabar el pastís industrial i les patates, els entrepans factorils els estarem menjant durant aquesta setmana, recordant cada matí que divertit va ser caminar pels ponts nepalís i tibetans que s'amaguen al Fòrum. 

martes, 1 de enero de 2013

Quédate a dormir




















Sí, la foto muy simpática. La fiesta posterior mejor, Millancito evaluó sus posibilidades y descartó al amor de su vida, que siempre se le resistía. Se decidió por una presa más asequible, encarando el 2013 con realismo y ganas de triunfar en aquella plaza, que no dejaba de ser su propia casa.
Desplegó todos sus trucos y golpes ocultos de gigoló hecho a sí mismo, incluso el tequila añejo que se reserva para las ocasiones e hizo trasladar el subbuffer al salón para que todo fuera perfecto. Abrió el paquete de jamón, dedicado por Miguel Bosé, una partida de las de antes de que quebrara el Museo de la Cecina, y parecía que ella revivía a mordiscos de jabugo de primera. ¡Bailemos! Efectivamente, un buen paladar, Millancito no había elegido mal, la presa ganaba carácter y portento ante sus ojo, una mujer de bandera, de raza, un diamante en bruto que sólo brillaba para quien supo descubrir su valor.

- Quédate, te hago otro bocata de morcón ibérico, me ayudas a recoger y luego dormimos juntos.

El "dormimos juntos" lo dijo como Mayra G. Kemp leía sus tarjetas con SEAT 131 Supermiriafiori ocultos, pero ella lo entendió, no cabe duda. La prueba es que le pidió el teléfono a Millancito, pero no le dio el suyo, para que el deseo quedara suspendido en el aire, en el zaguán del cuarto izquierda, mientras se despedían.

El topanismo existe y está entre nosotros, se manifiesta en cada sorbo de tequila añejo y la lucidez sobrevenida nos lo sirve en el café con leche de la mañana siguiente a una fiesta de Fin de Año, instantánea e irrepetible, para reírnos con él de nosotros mismos.

Feliz Año 2013!

PD. En homenaje a Millacinto, probablemente la mejor esperanza blanca de la literatura universal que hayamos conocido en 2012.