martes, 13 de noviembre de 2012

Trata de blancas

A la altura de Loma de Tiscapa, un muchacho se acercó al taxi y le puso en la mano un folleto de propaganda de un night-club, con una muchacha de espectaculares proporciones haciendo contorsiones alrededor de una barra metálica. 
Don Julio me miró por el espejo retrovisor: 

- Yo no veo que los españoles vayan mucho a estos lugares, ¿verdad? Yo fundé uno, allá por carretera Masaya. Pero me salí hace un año, y luego vino el problema con la policía, nada tuve yo que ver. 

A golpes con el tráfico de Managua, siguió con su relato: 

- Y sí, yo hacía mis bussines con los gringos que llegaban con los cruceros a San Juan del Sur. Cada chica que les llevaba en el taxi, 500 dólares. Luego yo les daba a ellas 350 dólares, cuando llenaba el carro con cuatro, me sacaba mi plata. Pero nunca tuve nada que ver con la trata de blanca, puede estar seguro. 

La colección de rotondas de dudoso gusto artístico, decoradas aprovechando una oferta de leds chinos como si fueran un belén durante todo el año, se sucedía como fondo de su historia: 

- En realidad yo fui de la contrainteligencia militar durante la época sandinista. Yo formé a mucha gente en este país, no se olvide que soy segundo dan de taek-won-do, campeón de las Espartaquiadas en Moscú 84.  Trabajé de agregado militar en Washington, asesor personal del Ministro de Defensa. Todos los gobiernos han venido a buscarme, pero yo ya me debo a mi familia.

Después de recoger el boleto del bus de vuelta a El Salvador, Executive Class, me acompañó a ver a otro camarada, sito en la fritanga de la Centroamérica, y continuó desgranando su biografía: 

- Yo hice la guerra de liberación en la montaña, tres años. En la ofensiva final, tuvimos que apoyar a los compañeros en Managua. Mi columna era la "Caza Perros" y nos tocó acabar con la mitad de los francotiradores panameños que contrató Somoza. ¡Vieras como caía la sangre del techo de las casas cuando los ametrallábamos desde dentro! 

De repente, el taxi se detuvo a trompicones: 

- ¡Púchica! Se no fue la onda y no pusimos combustible. Allá hay una bomba, vea. Empujemos el carro hacia la izquierda.

En medio de la autopista de dos carriles por sentido, empujamos el Lada y atravesamos las columnas de automóviles que intentaban esquivarnos como podían. Por suerte, el Señor hizo la obra, y la calle era de bajada. Suavemente, aterrizamos en una gasolinera que el Todopoderoso, de acuerdo con la Shell, había ubicado allá. 

Más tarde, con una Toña en la mano, esperando al camarada topanista, me tocó recomponer en mi cabeza el relato de Don Julio. En Nicaragua nunca sabe uno qué le puede pasar y qué puede aprender cuando sube en un taxi.

lunes, 12 de noviembre de 2012

El descanso del guerrero


El homo cooperantis también tiene derecho a descansar. A lomos de su 4x4 último modelo, se reunen en partidas de tres o cuatro y se encaminan hacia el litoral, buscando un remanso de paz cerca del mar. Hamacas, tumbonas, grandes ranchones desafiantes a la temporada de tsunamis; las condiciones creadas para encontrar un momento de tranquilidad, aunque sigan hablando entre ellos en una extraña jerga:
- ¿Pero tú trabajas en un Trust Fund?
Claro, yo no soy staff del World Bank.
- Creo que conozco un P5 que está contigo.
¿Surf o footing? Los primeros cabalgan sobre las olas, para desesperación de sus familias hambrientas, que ven cómo no llega su almuerzo a una hora decente, mientras que los segundos son devorados por los mosquitos cuando se alejan un poco de la burbuja civilizatoria, corriendo por la arena. Menos mal que nuestra anfitriona, en su castellano de Michigan, está preparada para cualquier eventualidad:

- Este es sand fly. Poner primero contra picar, luego gel, y luego loción para no mosquito.

Una vez embalsamados, podemos dar buena cuenta del esperado pescadito a la parrilla, y acabar en paz en nuestra hamaca una placentera tarde de domingo.

Seguimos nuestras aventuras por Nicaragua, una vez superadas las trece horas de caravana terrestres por las fronteras topanistas de Centroamérica, abrazando y disfrutando de los camaradas de siempre, que siempre están ahí.

Sí, señor ministro


Los próceres de la patria nos miran atentos, prisioneros en sus retratos de carboncillo, desde una pared de la sala de juntas de la octava planta de la Asamblea Legislativa. Los señores diputados y su cohorte de asistentes, observan incrédulos las maravillas y las promesas de la arquitectura bioclimática mundial, desgranada por el profesor Honhless, venido especialmente para la ocasión desde Los Ángeles. Mientras tiritan de frío, gracias a la potencia frigorífica instalada en tan insigne edificio, ya piensan en sus nuevas instalaciones, capaces de ofrecer el confort más moderno respetando a la Pachamama y de buen rollo, incluso ahorrando miles de dólares. Los casos de laringitis aguda, dicen, están dificultando el normal desarrollo de los plenos y la democracia por ende. Así que hay que ilustrarse con las nuevas tendencias que vienen del Norte.

- ¿Sabían ustedes que las ventanas de los edificios se pueden abrir para que entre el aire? Alguien lo ha descubierto en Europa.

Revolucionario, subversivo. Por suerte, y a pesar de que algún ilustre diputado aprovecha para hacer algunas consultas constructivas con el profesor sobre su ranchón en la playa, el martirio polar acaba a las dos horas.
Nos vamos a almorzar con el insigne invitado de la asamblea, y por la tarde nos instalamos con el señor ministro de economía a observar las evoluciones de la selección nacional de fútbol playa en los Juegos Bolivarianos. Semifinal en la cumbre, El Salvador contra Paraguay, todo un clásico, que acaba del lado de la nación sin mar ni playas. De nada nos sirvieron los centenares de kilómetros de litoral ni los revolucionarios métodos de entrenamiento de nuestros pescadores, metidos a estrellas del balompié.
Nuestro querido ministro, el único de la familia, pidió otra ronda para ahogar tamaña decepción, mientras seguíamos repasando el estado del mundo:

-        Es que ya nos dimos cuenta que estos son los únicos que podía ganar algo, lo otros en la vida. Y ya ves. ¿Otro trago de los mismo?
-        Sí, señor ministro.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Crowdfunding en Los Hernández

- Señora, ¿no va a participar en la rifa de una estupenda vajilla de 24 piezas, de polietileno legítimo, made in China? Es para sufragar el proyecto de agua.
- ¡Cómo no! Déme diez boletos. Pero cuidado me la rompen, me la voy a ganar seguro.

El aviso no es porque sí. Aunque no haya loma que se nos resista, ni quebrada insondeable para estos exploradores del vital líquido, las montañas de Centroamérica son un peligro para el menaje del hogar, sobre todo cuando se transporta en esas líneas de furgonetas coreanas, donde la gente se guinda como puede e intenta llegar a sitio con vida.
Esperemos que los chinos se hayan imitado a sí mismos, por una vez en la vida, y sea polietileno y no porcelana.

Precioso descenso hasta las profundidades desde donde sale el agua que quieren poner en su casa nuestros estimados amigos. Ellas (de esto no se encarga ningún caballero, ¡habrase visto!) hacen el trayecto ocho veces al día, un vaso de agua en Los Hernández se paga con sudor femenino, queridos. La reunión de hoy, tras departir en el fondo de la quebrada con los albañiles (esa subespecie humana presente en todo el orbe, también con su tipo especial de bronceado en estas latitudes y su característico repertorio de sonidos guturales), va de cómo acelerar la marcha para que las chicas esté contentas. Las locales, por razones obvias, y la secretaria técnica de la embajada nipona, nuestra prodigiosa mecenas, porque se lo merece. Dicen que cuando bajó los doscientos metros, en tacones y sin agua, y volvió a subir, con todo el sol del Trópico, ya casi sin resuello, se le oyó murmurar lo justificada que estaba la inversión.

En Los Hernández entienden el japonés y el chino, y lo que haga falta. Nuestras chicas se merecen brindar estas Navidades con agua del grifo y no del cántaro.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Un trabajo de chinos

Nuestro contacto en la organización nos recibió en el jardín de la oficina. Fumaba incesantemente, extrayendo cigarrillos Delta de un paquete arrugado y pronto a extinguirse. Pidió café para todos a la asistenta. Ante la taza humeante, comenzó a hablar:
- Hay que hacerlo todo de una vez, no sirve por departamentos. Necesitamos tener todos los municipios, los  doscientos sesenta y dos.
- ¿Todos a la vez? Pero esto parece la Cruzada de Alfabetización.
- El gobierno tiene dudas, pero no podemos confiar en que seguirán aquí dentro de dos años. Y ya sabéis lo que les importa a los otros las comunidades perdidas en el campo.

Otro cigarrillo.
- ¿Cuánta gente necesitáis para cada municipio?¿Cuántos equipos?
- No sé, quizás dos equipos, tres personas en cada uno. Y una pick-up al menos por municipio.
Dos por tres, seis, por doscientos sesenta y dos (un momento, la calculadora):  mil quinientos setenta y dos.
- Bien, no está mal, bastante gente.

Mientras imaginábamos el pabellón de brigadistas acuáticos ejerciendo su juramento a lo banzai, llegó el siguiente cigarrillo y la siguiente operación aritmética:
- ¿Cuánto creéis que cuesta hacerlo? ¿Cuánto cuesta cada municipio?

Miradas de pócker o de momento final de "El Precio Justo". Se adelanta el jugador más experimentado:
- Dejémoslo en 300.000 euros por municipio, sé lo que me digo. Se puede hacer, al fin y al cabo no estamos aquí para hacernos ricos.
- Ok (momento calculadora), eso son unos 8 millones de euros. El problema es que la organización no cuenta con tantos recursos, habrá que buscar alternativas. Claro, en realidad es un trabajo de chinos, saber cómo está cada comunidad del país en cuestión de agua y saneamiento.
- Bueno, quizás podamos pedirle una ayudita a los chinos, ahora que lo dices.

Nunca se sabe de dónde salen los grandes proyectos y las tareas enciclopédicas como esta, ni sus cifras orondas ni sus rimbombantes objetivos. Las leyendas a veces se forjan fumando tabaco y sorbiendo café ralo, con la vista perdida, nublada por la épica cooperante, esta vez hacia Oriente. ¿A quién le importa a quién elijan hoy como Emperador de Occidente?