lunes, 12 de noviembre de 2012

Sí, señor ministro


Los próceres de la patria nos miran atentos, prisioneros en sus retratos de carboncillo, desde una pared de la sala de juntas de la octava planta de la Asamblea Legislativa. Los señores diputados y su cohorte de asistentes, observan incrédulos las maravillas y las promesas de la arquitectura bioclimática mundial, desgranada por el profesor Honhless, venido especialmente para la ocasión desde Los Ángeles. Mientras tiritan de frío, gracias a la potencia frigorífica instalada en tan insigne edificio, ya piensan en sus nuevas instalaciones, capaces de ofrecer el confort más moderno respetando a la Pachamama y de buen rollo, incluso ahorrando miles de dólares. Los casos de laringitis aguda, dicen, están dificultando el normal desarrollo de los plenos y la democracia por ende. Así que hay que ilustrarse con las nuevas tendencias que vienen del Norte.

- ¿Sabían ustedes que las ventanas de los edificios se pueden abrir para que entre el aire? Alguien lo ha descubierto en Europa.

Revolucionario, subversivo. Por suerte, y a pesar de que algún ilustre diputado aprovecha para hacer algunas consultas constructivas con el profesor sobre su ranchón en la playa, el martirio polar acaba a las dos horas.
Nos vamos a almorzar con el insigne invitado de la asamblea, y por la tarde nos instalamos con el señor ministro de economía a observar las evoluciones de la selección nacional de fútbol playa en los Juegos Bolivarianos. Semifinal en la cumbre, El Salvador contra Paraguay, todo un clásico, que acaba del lado de la nación sin mar ni playas. De nada nos sirvieron los centenares de kilómetros de litoral ni los revolucionarios métodos de entrenamiento de nuestros pescadores, metidos a estrellas del balompié.
Nuestro querido ministro, el único de la familia, pidió otra ronda para ahogar tamaña decepción, mientras seguíamos repasando el estado del mundo:

-        Es que ya nos dimos cuenta que estos son los únicos que podía ganar algo, lo otros en la vida. Y ya ves. ¿Otro trago de los mismo?
-        Sí, señor ministro.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Crowdfunding en Los Hernández

- Señora, ¿no va a participar en la rifa de una estupenda vajilla de 24 piezas, de polietileno legítimo, made in China? Es para sufragar el proyecto de agua.
- ¡Cómo no! Déme diez boletos. Pero cuidado me la rompen, me la voy a ganar seguro.

El aviso no es porque sí. Aunque no haya loma que se nos resista, ni quebrada insondeable para estos exploradores del vital líquido, las montañas de Centroamérica son un peligro para el menaje del hogar, sobre todo cuando se transporta en esas líneas de furgonetas coreanas, donde la gente se guinda como puede e intenta llegar a sitio con vida.
Esperemos que los chinos se hayan imitado a sí mismos, por una vez en la vida, y sea polietileno y no porcelana.

Precioso descenso hasta las profundidades desde donde sale el agua que quieren poner en su casa nuestros estimados amigos. Ellas (de esto no se encarga ningún caballero, ¡habrase visto!) hacen el trayecto ocho veces al día, un vaso de agua en Los Hernández se paga con sudor femenino, queridos. La reunión de hoy, tras departir en el fondo de la quebrada con los albañiles (esa subespecie humana presente en todo el orbe, también con su tipo especial de bronceado en estas latitudes y su característico repertorio de sonidos guturales), va de cómo acelerar la marcha para que las chicas esté contentas. Las locales, por razones obvias, y la secretaria técnica de la embajada nipona, nuestra prodigiosa mecenas, porque se lo merece. Dicen que cuando bajó los doscientos metros, en tacones y sin agua, y volvió a subir, con todo el sol del Trópico, ya casi sin resuello, se le oyó murmurar lo justificada que estaba la inversión.

En Los Hernández entienden el japonés y el chino, y lo que haga falta. Nuestras chicas se merecen brindar estas Navidades con agua del grifo y no del cántaro.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Un trabajo de chinos

Nuestro contacto en la organización nos recibió en el jardín de la oficina. Fumaba incesantemente, extrayendo cigarrillos Delta de un paquete arrugado y pronto a extinguirse. Pidió café para todos a la asistenta. Ante la taza humeante, comenzó a hablar:
- Hay que hacerlo todo de una vez, no sirve por departamentos. Necesitamos tener todos los municipios, los  doscientos sesenta y dos.
- ¿Todos a la vez? Pero esto parece la Cruzada de Alfabetización.
- El gobierno tiene dudas, pero no podemos confiar en que seguirán aquí dentro de dos años. Y ya sabéis lo que les importa a los otros las comunidades perdidas en el campo.

Otro cigarrillo.
- ¿Cuánta gente necesitáis para cada municipio?¿Cuántos equipos?
- No sé, quizás dos equipos, tres personas en cada uno. Y una pick-up al menos por municipio.
Dos por tres, seis, por doscientos sesenta y dos (un momento, la calculadora):  mil quinientos setenta y dos.
- Bien, no está mal, bastante gente.

Mientras imaginábamos el pabellón de brigadistas acuáticos ejerciendo su juramento a lo banzai, llegó el siguiente cigarrillo y la siguiente operación aritmética:
- ¿Cuánto creéis que cuesta hacerlo? ¿Cuánto cuesta cada municipio?

Miradas de pócker o de momento final de "El Precio Justo". Se adelanta el jugador más experimentado:
- Dejémoslo en 300.000 euros por municipio, sé lo que me digo. Se puede hacer, al fin y al cabo no estamos aquí para hacernos ricos.
- Ok (momento calculadora), eso son unos 8 millones de euros. El problema es que la organización no cuenta con tantos recursos, habrá que buscar alternativas. Claro, en realidad es un trabajo de chinos, saber cómo está cada comunidad del país en cuestión de agua y saneamiento.
- Bueno, quizás podamos pedirle una ayudita a los chinos, ahora que lo dices.

Nunca se sabe de dónde salen los grandes proyectos y las tareas enciclopédicas como esta, ni sus cifras orondas ni sus rimbombantes objetivos. Las leyendas a veces se forjan fumando tabaco y sorbiendo café ralo, con la vista perdida, nublada por la épica cooperante, esta vez hacia Oriente. ¿A quién le importa a quién elijan hoy como Emperador de Occidente? 

martes, 6 de noviembre de 2012

Sois todos unos mormones

¿Cómo sabe el guardia de seguridad, parapetado detrás de su escopeta de perdigones y con cara de estar conteniéndose para no iniciar una matanza al más puro estilo de Hollywood, que somos o no mormones? ¿Expiden un carnet de mormonidad cuando abrazas el único credo verdadero? ¿Se lleva en la sangre y se te nota en la cara, aunque hayas madrugado para ir temprano a misa mormona?¿Se nace o se hace uno mormón?
Después de la segunda vuelta alrededor del templo, construido para ser el faro centroamericano de todos los peregrinos (mormones), somos un mar de dudas. Una verja protege las inmediaciones de tamaño monumento a la fe redentora, con aspecto de ojiva nuclear apuntando a todos los males terrenales, incluido el comunismo, según reza en la rotonda adyacente.

- Quieren que se convierta en algo así como Santiago de Compostela y que toda la mormonidad acuda de todas partes de Centroamérica -señala nuestra guía chófer-.

En cualquier caso, si no eres mormón, no puedes ver lo que hay dentro. A no ser que tuvieras suerte y aprovecharas el único día de puertas abiertas con que se obsequió a la incrédula ciudadanía salvadoreña.

Ya estamos instalados bajo el volcán, recuperando los sabores y fragancias que nos embriagaron en el pasado, incluido el de la flota de autobuses y sus carburadores de antes de la crisis del petróleo. Por la noche, a compartir con los viejos camaradas pupusas y un Rioja incorporado en el último momento a la bolsa de viaje, luchando contra el jet lag y los deseos de coger la cama como sea.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Bussines Class

- Creo que me han llamado por el altavoz.
- Sí, en efecto. Ha habido una reasignación de asientos y se le ha colocado en Bussines Class.

La perspectiva de diez horas encerrado en un avión es diferente si delante tuyo median casi dos metros hasta el próximo pasajero. Incluso esas señoras maduritas sacadas de una telenovela, advenedizas del botox de última hora, se hacen hasta simpáticas. En menos de quince minutos, antes de que el Comandante Trujillo haya colocado nuestro flamente Airbus en el cielo, han conseguido acabar con las existencias de la tienda a bordo.

- Tranquila, señora, hasta que no despeguemos no podemos vender nada.
- Cuidado me quedo sin esa pareja de guantes de piel que he visto en la página tres.

Cuando una consigue hacerse con los mandos del asiento reclinable, previo cursillo acelerado por la jefa de azafatas (que la tienen, aunque no llegue a ser vista nunca y no pase de ser una leyenda en tercera clase), tiene que enfrentarse a con la carta de vinos y con el menú.

- El tournadó de pollo al oporto se lo íbamos a poner de todas manera en el aperitivo, caballero. Se trata de que elija el segundo. ¿Es usted más de carne o de pescado?

¡Dios, qué bochorno! ¿Me habrá delatado la camiseta del Decathlon a juego con la mochila Quechua?¿Serán las cuatro copas de vino que no he podido rechazar en la hora que llevamos de vuelo? Sigamos con el Ribera del Duero, por favor, y esos canelones de marisco. El postre se rehoga con un vino dulce y la guinda la pone un trago de 12 años de Flor de Caña. Como si de una trampa fuera, lo han puesto astutamente al final. Imposible hacerle un feo con ese highbolito al Comandante Trujillo y a sus veteranas azafatas de primera.

Aturdido por los efluvios etílicos, me pongo a 180grados hacia el Trópico. Es cierto, todavía hay clases, la Bussines por lo menos se te puede subir a la cabeza. Horas después, el Caribe a babor.

Esperamos que esta serie americana de las tribulaciones topanistas sea de su agrado. Laslo on the road, again!